En nuestro país y en nuestro Departamento vemos como se produce el aumento de la violencia y la criminalidad, la descomposición social, la crisis y fragmentación de los partidos políticos, la prepotencia y soberbia del Poder Ejecutivo y la capitulación del Poder Legislativo, un Poder Judicial inexistente, la corrupción del aparato estatal y parte de la sociedad civil, el aislamiento de la clase política, la impunidad para los grandes criminales y la mano dura para los pequeños delincuentes. Todo ello refuerza el resentimiento y frustración del pueblo, lo que constituye un grave peligro para la Democracia.
Esta situación de crisis que vivimos, puede ser descripta como “anomia social”. E. Durkheim, describió el fenómeno de la “anomia” como el deterioro de las reglas morales, de los principios culturales y de las normas más básicas de conducta de la sociedad, y sostenía que una vez derribadas estas barreras, los impulsos humanos más primitivos se desatan sin control. Durkheim, afirma que la situación de “anomia” surge cuando las necesidades esenciales como la supervivencia, la identidad, la autoestima y realización no se satisfacen. La “anomia” se refleja en las ciudades con la desorganización del tejido social, con la destrucción de familias y hogares y en los altos índices de conductas aberrantes como la criminalidad, violencia y narcotráfico.
Hoy, podemos observar como se deja a cada persona librada a su propia suerte (producto de la violación Constitucional), desde el “poder” exalta la codicia y la avaricia como virtudes sociales, en consecuencia, la “anomia social”, alentada por políticos y dirigentes corruptos e inescrupulosos, nos deja como herencia: jubilados sin recursos, jóvenes sin educación, desempleados, mujeres solas con hijos totalmente desamparados, gente en asentamientos y Villas de emergencia y miles de niños desnutridos. Estamos, pues, en presencia de un modelo político, social y económico que fragmenta, excluye y divide en forma perversa, enfrentando finalmente a pobres contra empobrecidos y a éstos contra los sectores medios que aún sobreviven.
El modelo de exclusión alentado desde el gobierno, fragmenta, divide y enfrenta a la sociedad, produce la fractura de sus intereses, sus modos de vida y valores. La finalidad de excluir a grandes sectores de la sociedad y luego otorgarles a modo de caridad lo que por derecho les corresponde, es un mecanismo de disciplinamiento para reemplazar nuestra amada Democracia por un régimen feudal y totalmente autoritario en nuestro Departamento. El modelo de exclusión ideado por quienes nos gobiernan, se puede ver claramente ya que genera capas sociales inestables y súper explotadas que son utilizadas por los sectores dominantes con fines políticos.
¿Y mientras tanto que hacen nuestros representantes?, nos preguntamos todos. Isócrates en el año 355 AC, escribió: “...Cuando tomáis una resolución sobre vuestros asuntos particulares, buscáis como consejeros a quienes son más inteligentes que vosotros mismos, pero cuando os reunís en Asamblea, desconfiáis de tales consejeros y los aborrecéis.
Rodeáis de elogios a los peores de cuantos suben a la tribuna y pensáis que son más útiles al pueblo los embriagados que los sobrios, los necios que los inteligentes, los que reparten los fondos estatales que quienes sostienen un servicio público con sus fortunas particulares. Por eso hay que sorprenderse si alguno espera que la ciudad mejore utilizando tales consejeros...”.
Sin lugar a dudas, a pesar de que Isócrates escribió esto hace miles de años, bien puede decirse que describe la conducta de la mayoría de nuestros representantes.

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